La huella ecológica que imprimimos con fuertes pisadas sobre la faz de la Tierra está mermando la biodiversidad, dañando irremisiblemente los recursos naturales que, recordemos, pueden ser más o menos numerosos según el caso, pero siempre ilimitados. El consumo energético se ha disparado en las últimas décadas (en el último par de siglos más bien, aunque con particular virulencia en aquellas), y parece que no somos conscientes que, tras el acto de encender una bombilla o el ordenador con el que lees estas líneas o yo las estoy escribiendo, hay implícitas una serie de repercusiones sobre el medio ambiente.
Decía que esta hora no hará demasiado, si no la interiorizamos y, haciéndola nuestra, la llevamos a cabo diariamente: apagando luces innecesarias, sustituyendo luminarias por otras equivalentes de bajo consumo, apagando el ordenador cuando no lo vayamos a seguir utilizando, pese a que perdamos puestos en la cola de nuestro P2P favorito… Y dirá mucho, si es secundada de forma mundial y, aunque sólo sea por una hora, somos capaces de ver, allá donde ya sea de noche, algunas estrellas más.
Porque el consumo energético, la iluminación desmedida de nuestros hogares y ciudades, provoca muchísimos daños que podríamos llamar colaterales: contaminación lumínica, despilfarro energético, incremento de las infraestructuras, dependencia energética, insostenibilidad de nuestro territorio, desigualdad social…
Aprovechemos esa hora, mañana, 28 de marzo, de 20:30 a 21:30, para reflexionar un poco. Apaguemos luces, ordenadores, televisiones y radios. Que no nos tienten con programas especiales para el seguimiento del apagón, que rompen precisamente con la idea que se está intentando ofrecer. No basta con apagar una bombilla: apaguemos todo lo que no sea necesario en ese momento. Ya nos enteraremos a posteriori, una hora más tarde, de lo que ha ocurrido en el resto del mundo. No entres en esta web, ni en ninguna otra. Reflexiona y busca dentro de ti la respuesta a esta pregunta: ¿qué puedo hacer para salvar el planeta?
Para saber más:
Etiquetas: consumismo, consumo energético, global, medio ambiente
Cada vez que compramos, emitimos un voto; como individuos podemos caer en la tentación de pensar que nuestros pequeños actos no tienen importancia, que una comida no puede influir. Pero cada comida, cada bocado de alimento, tiene una rica historia: cómo y dónde creció o se crió, cómo se cosechó. Nuestras compras, nuestros votos, determinarán el camino que sigamos. Y se necesitan miles y miles de votos a favor de prácticas agrícolas que restauren la salud del planeta.
Es imposible seguir con el insensato consumo del mundo occidental, que ahora extiende sus codiciosos tentáculos por todo el globo. El precio, cuya mayor parte pagarán nuestros hijos, es demasiado alto. Solo actuando unidos, negándonos a comprar alimentos que se han sazonado en secreto con venenos y dolor, podemos enfrentarnos al poder empresarial que envuelve el mundo. Juntemos las manos. Hablemos por quienes no tienen voz y por los pobres. Defendamos nuestro derecho, como ciudadanos de democracias libres, a volver a tomar las riendas de la producción de alimentos. Sembremos todos juntos las semillas de una cosecha mejor, capaz de generar otra manera de vivir.
Así habla esta sabia mujer, haciéndonos reflexionar sobre si existe una necesidad real de seguir creciendo al ritmo en que lo hacemos ahora. La respuesta es clara, rotunda, tajante: NO. Algo que, a poco que nos sentemos un momento a reflexionar (aunque tal vez sea pedir mucho en esta época de estrés, plagada de un sinvivir continuo, que detengamos un instante el motor y veamos hacia dónde nos dirigimos), nos resultará obvio. El crecimiento exponencial de la población no permite a la tierra dar los frutos necesarios para nuestra subsistencia. El consumo excesivo de carne es el germen de una actitud insolidaria con los pequeños agricultores, con los más necesitados y con el medio ambiente. Pero todo parece darnos igual, hay que crecer, más y más… ¿para qué? ¿Para legar a nuestros hijos, a nuestros nietos, una tierra baldía, un erial que ni sus lágrimas podrán regar? Si no detenemos ahora nuestro ritmo de crecimiento, no habrá futuro por el que lamentarse. Pero estamos a tiempo, cambiando nuestra conducta, nuestra forma de pensar, si no de remediarlo y volver a la Tierra al estado en el que la recibimos de nuestros padres, sí al menos de reducir el gravísimo impacto que le estamos causando. En nuestras manos está, con nuestro voto individual, decidiendo cómo nos desplazamos, qué comemos, cuánto consumimos. Y aquí no valen medias tintas.
¿Colaboras? Todos somos el medio ambiente.
Etiquetas: comida, ecología, libros, medio ambiente
Acabo de salir de trabajar, y volviendo a casa desde el Peteá (el Parque Tecnológico de Andalucía , vaya) he podido ver por segunda vez un alcaudón común de caza. Hace unos días lo vi en lo alto de una pequeña rama, en el centro de una loma cubierta de césped, oteando desde su pequeña atalaya. Al verme, voló huyendo. Hoy, antes de hacer el amago de huir buscando el refugio de un pequeño soto, le he visto lanzarse sobre el campo, intentando cazar algún pequeño ratón.
Ventajas, amigos, de no usar el transporte privado para ir a trabajar ;) . ¡Y una buena forma de empezar el fin de semana, pardiez!
Etiquetas: aves, medio ambiente
Hoy es el Día Mundial del Medio Ambiente, un día que según las noticias que se pueden leer últimamente, debería ser un día de reflexión, ya que difícilmente podría serlo de celebración. Reflexión sobre cómo nuestras decisiones individuales afectan al planeta, hasta en los aspectos más insospechados.
Si tomamos por ejemplo el agua, uno de los recursos más limitados del planeta (especialmente en lo referido al agua potable), posiblemente dentro de unos años estemos hablando de guerras por el agua (equivalentes a las guerras por petróleo que tanto se dan en la actualidad). Pensemos por ejemplo que para conseguir una taza de café son necesarios 140 litros de agua (para el cultivo, producción y empaquetado de los granos de café). Esto es el equivalente aproximado a la cantidad media que gasta una persona durante el día, para beber y realizar las tareas del hogar. Para obtener un trozo de queso de 500 gramos serían necesarios unos 2.500 litros de este recurso; para un litro de leche, más de 3.000; para un kilo de carne de res, más de 10.000... Es decir, en el menú diario, un consumidor emplea entre 2.000 y 5.000 litros de agua, que ha sido necesaria para llegar a producir el consumo (sólo a nivel alimenticio, que respecto a otras necesidades también podríamos hablar) de una persona en un día.
En estos días estoy leyendo un interesantísimo libro de Jane Goodall (conocida por sus trabajos de investigación con chimpancés) sobre la comida (Otra manera de vivir). Las necesidades alimenticias de la población, y el coste que conlleva a la Tierra y el medio ambiente (la huella ecológica) nuestro actual modelo de vida. Un modelo desarrollista que no pone freno a las necesidades (generadas artificialmente en su mayoría) de una población creciente.
Como decía en su informativo hace unos días Iñaki Gabilondo, nos quedan unos años para corregir nuestro comportamiento. Podemos aprovecharlos, y salvar el planeta (y de paso, a nosotros mismos), o pasar de largo, ajenos a todo de forma consciente o inconsciente, regodeándonos en nuestra miseria y exterminar, como venimos haciendo hasta ahora, a todo ser viviente. Porque el refranero es sabio, y ya saben lo que dice: "todo aquello que corre, nada o vuela, a la cazuela".
Así nos va.
Etiquetas: ciudadanía, medio ambiente, sostenibilidad
Qué triste paradoja. Entre todos tus hijos, somos los únicos con la suficiente capacidad de raciocinio como para dedicar un día a homenajearte. Y de todos ellos, somos los que te estamos matando con esta cada vez más rápida agonía.
Feliz día, Madre.
Etiquetas: ecología, medio ambiente
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La desnudez de los árbolesHace 5 años

