Ahora puede encontrar los últimos contenidos de Andanzas de un trotalomas en nuestra nueva dirección: http://trotalomas.wordpress.com
Mostrando entradas con la etiqueta libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libros. Mostrar todas las entradas

Acabo de enterarme y estoy que no quepo en mí del gozo. El equipo de Roma (una genial serie que os recomiendo encarecidamente) de la HBO se prepara para rodar el episodio piloto de Juego de Tronos. La noticia ha sido confirmada por el propio George R. R. Martin en su blog.

Y ahora, señor Martin, ¿quiere hacer el favor de finalizar Dance with Dragons? ¡Gracias! :D :D :D

La casa de los cocodrilos



Todas las épocas tienen sus héroes, algunos nuevos, otros heredados de las pretéritas. De las etapas de la vida, la infancia resulta la más propensa a endiosar a todo tipo de referentes. De los reales (los padres, ciertas profesiones generalmente acompañadas del riesgo como sinónimo de la aventura) a los ficticios (héroes televisivos y, cómo no, literarios), los niños tienden, tendimos, a elevar a un pedestal a nuestros ídolos que en ocasiones son, como decía, heredados.

Cuántos no nos habremos emocionado con la ceguera de Miguel Strogoff, aterrorizado con el incierto destino del capitan Hatteras o admirado del suprahumano valor de Sandokan en las novelas de Verne y Salgari. Cuántas aventuras corrimos de niños junto a Jim Botón o con papá Mumin; huyendo junto a los traviesos Guillermo y Tom Sawyer, o siguiendo a los protagonistas de La guerra de los botones. La de ocasiones en que nos escondimos en un barril de manzanas o ingerimos un trozo de seta que nos haría tan minúsculos que podríamos pasar a través de la puerta más ínfima. De la infancia nos quedan, pasado el tiempo, los recuerdos. De lo que fue y, sobre todo, de lo que soñamos. Y entre sueños, de estos recuerdos, nos queda en ocasiones el agridulce sabor de lo que pudo haber sido.

Recientemente, gracias a estas librerías de viejo que tanto me gusta visitar, aunque actualmente sea en generalmente de forma virtual (como os relataba, Internet se está convirtiendo en un gran apoyo a la hora de localizar obras imposibles), conseguí localizar una copia de La casa de los cocodrilos, una novela infantil que tuvo los ingredientes necesarios para atraparme en su lectura y sucesivas relecturas durante un largo periodo de tiempo. No recuerdo la cantidad de veces que pude acompañar a Víctor Laroche en sus incursiones por las habitaciones solitarias de la casa-hotel en que vivía con sus padres, y donde se produjera la trágica muerte de Cecilia, la hija del anciano propietario del edificio; sólo sé que el libro formó parte de mi más remota infancia, y que como tantos otros que leí en la Biblioteca Pública de mi pueblo, no pude conseguir adquirir pasados los años por encontrarse descatalogado, aunque me acompañase siempre su recuerdo.

He vuelto a leer el libro este fin de semana en poco más de una hora. Obviamente, mi aproximación al mismo ha sido distinta, desde otra perspectiva, pero he de confesar que me ha traído a la mente recuerdos que creí olvidados. Se trata de una obra escrita claramente para un público infantil, ávido de encontrar un protagonista como éste, con el que poder identificarse. Para los amantes de las novelas detectivescas, futuros lectores de las aventuras de Los Tres Investigadores de Alfred Hitchcock, de Doyle, Christie o Simenón, puede ser un punto de arranque más que interesante. Lástima que la edición existente, de Miñón en 1977, sea prácticamente imposible de encontrar, tan difícilmente localizable como tantas obras que quedarán sepultadas en el pasado, aunque su memoria nos acompañe por siempre.

Ritos de paso

Fue el de ayer un día afortunado. Aniversario del nacimiento de Edgar Allan Poe, del que se cumple su segundo centenario (este año además se cumplen 160 años de su temprana defunción), por casualidades de la vida, que a veces dan alegrías como esta, me crucé con un par de cuervos al salir del trabajo para almorzar.

Por la noche, después de recoger a un par de nuevos inquilinos que nos acompañarán en nuestro periplo, de casa en casa, a partir de ahora (y que ya os presentaré), la lluvia acompasada evocó, rozando la medianoche, el ambiente necesario para oír sendas versiones, original y traducida, del poema más célebre del autor: El Cuervo. Brindamos por su memoria, no con Amontillado, ni con el coñac de su misterioso visitante anual, pero sí con un Pedro Ximénez suave como el suspiro de Anabel Lee al expirar.

2009

Aunque aún se percibe la hedionda presencia del finado 2008, el año bisiesto nos deja en el punto de inicio de un 2009 que parece augurar un funesto desenlace, de tantos frentes como permanecen abiertos en lo tocante a la economía, la violencia global y un planeta cada vez más cansado de las pulgas que llevan unos milenios incordiándole. Sin embargo, no todo podía ser malo, y entretanto la Tierra se decide a sacudírsenos de encima, da comienzo el año con una serie de acontecimientos literarios a tener en cuenta.

Así, hace un par de días se habría celebrado el centésimo decimoséptimo cumpleaños del nacimiento de J.R.R. Tolkien, el genial filólogo autor de la saga moderna más sublime que podamos imaginar: la trilogía de El Señor de los Anillos, que sin duda traeré a la bitácora alguno de estos días. La obra de Tolkien es un referente sin el que sería imposible entender la actual proliferación de las obras de fantasía que, más o menos acertadamente, vemos publicadas hoy día.

También hoy se festejan, o festejarían, diversos cumpleaños célebres. Así, el ya desaparecido Terenci Moix habría cumplido tal día como hoy sesenta y siete años de feliz disfrute cinéfilo y de la historia del Antiguo Egipto. Diez más que él cumple el semiólogo italiano Umberto Eco, al que aprovecho para felicitar desde este humilde espacio, ya que fue su obra la que dio arranque al proyecto de Homo libris.

Otro aniversario señalado en el año 2009 serán los 150 transcurridos desde la publicación de El origen de las especies, la polémica obra de Charles Darwin que revolucionó la forma de entender la evolución de las especies a partir de la selección natural. El libro fue todo un éxito de ventas, llegando a liquidarse la totalidad de su primera tirada (1250 ejemplares) en un solo día.

Pero no todo son cumpleaños de autores y libros predilectos para un trotalomas, también el año da comienzo con premios para ellos. Precisamente en la Noche de Reyes se falla el Premio Nadal, uno de los más prestigiosos de nuestras letras, que han recibido autores de la talla de Carmen Laforet, Miguel Delibes, Francisco Umbral o Ana María Matute. Queda poco, pues, para saber quiénes conseguirán alzarse con el premio este año.

Todo ello, como avanzaba al principio de la entrada, nos hace predecir que, al menos en lo tocante a la cultura, el presente será un año prometedor. Y este Homo libris recién nacido, espera crecer y evolucionar durante el mismo, con vuestra compañía.

¡Feliz lectura!

Dexter


Siempre he sido bastante ecléctico en lo que a gustos se refiere, y por tanto no es de extrañar que en mi etapa –más infantil que juvenil- de profundo entusiasta de la Inglaterra Victoriana fuese tan admirador del personaje más universal de las letras inglesas (hablo de Sherlock Holmes, y corríjanme si me equivoco ante tamaña afirmación) como del desafortunadamente real Jack el Destripador. Tal vez debido a esto, no debería resultar inusitada la afirmación de que el personaje de Dexter me resulta especialmente atractivo.

Descubrí al encantador asesino en serie de Miami gracias a la fervorosa recomendación de una amiga, aunque no fue hasta transcurridos unos meses de su comentario que, casualmente vi un capítulo de la serie de televisión y, recordando su entusiasmo, me dispuse a verlo. La verdad, he de admitirlo, me encantó. Dexter, en televisión, piensa como un asesino pero no deja de ser adorable. Descubierto el placer, devoré con ansia toda la primera temporada, y a continuación, la segunda de esta increíble serie. Entretanto, había descubierto que –supuestamente- el argumento de aquella estaba basado en una serie de libros escritos por Jeff Lindsay, y como no hay libro que se me resista –de momento, que aún no he probado con el Ulises de Joyce, y me comentan por aquí que tiene un trago-, me dispuse a conseguirlos. Afortunado de mí, fueron cayendo en mis manos en sucesivas entregas, presentes siempre de mi pequeña Lycis.

Lo primero que he de decir es que la serie no sigue (excepto la primera temporada, y sólo parcialmente) los argumentos de los libros. Bien, por un lado, ya que así tenemos Dexter para rato. Mal, por otro, porque si bien el Dexter de los libros es más ácido en sus comentarios y despiadado en sus acciones que el de la serie, también es un poco menos encantador, aunque sigue cayendo bien, eso sí. En cuanto a los libros en sí, la traducción (en particular, el primero de ellos, El oscuro pasajero) es bastante mala, aunque gana unos puntos en el segundo (Querido Dexter) y tercer libro (Dexter en la oscuridad) publicados.

Como apuntaba unos días atrás, el último de ellos había caído en mis manos hacía poco, y precisamente esta mañana he terminado de leerlo. Lo he devorado, literalmente, y es que aunque la trama no resulta demasiado novedosa (después de combatir al asesino del camión de hielo en el primer libro, y enfrentarse a un doctor un tanto chiflado en el segundo, Dexter parece llegar al Templo Maldito de Indiana Jones para encontrarse con los malos de El secreto de la pirámide), el libro engancha.

Ahora, tengo pendiente la tercera temporada que, por lo que he leído por ahí, parece prometedora. Ah, y según parece, Lindsay pretende sacar un cuarto libro en 2009. A ver si tenemos suerte, y se le va un poco menos la pinza cuando lleve a Dexter a París. Sí, dejamos la jungla que parecen ser las calles de Miami para volar a Europa. ¿Visitará nuestro asesino en serie preferido la Rue Morgue? Habrá que esperar un poco para saberlo.

Paseando con Dexter

Con la lectura de Dexter, El oscuro pasajero y Querido Dexter he vivido una paradójica situación en la que se juntaban, por un lado, la pésima traducción del primero de los libros (algo mejor en el segundo, sin que llegue a ser como para lanzar las campanas al vuelo) y que ya conocía al personaje y parte de su historia gracias al par de temporadas de la serie de televisión que ya había visto, y por otro lado, el interesante descubrimiento de las notables diferencias entre las novelas y sus “adaptaciones” a la pequeña pantalla. El Dexter literario es, sin duda, mucho más ácido y mortífero que su equivalente televisivo, aunque carece –en parte- del encanto de éste. En cualquier caso, se hace querer, engancha a pesar de la mala traducción y me ha aportado unos buenos ratos de descanso tras llegar a casa de trabajar.
Ya estoy al acecho de la tercera parte, que aparecerá publicada en castellano el día 3 de noviembre, esperemos que con un mejor trabajo “traductoril”, aunque por lo que he leído por ahí, la historia que plantea Lindsay está un poco traída por los pelos. En cualquier caso, no puedo resistirme a evaluar ésta nueva aventura de nuestro psicópata preferido ;) .

Programas sobre libros

Es curioso comprobar cómo, a pesar de que transcurran los años, siguen siendo necesarias las medidas de fomento de la lectura, y cómo, por muchos que pasen, los efectos no se hacen patentes ni perduran en el tiempo. En ocasiones, además, lo poco que se hace, se hace mal, a conciencia o no. Es el caso que me encontraba ayer, cuando veía el programa que Canal Sur 2 emite para lectores: El público lee y, como cada domingo, se solapaba al menos en parte con Página 2, su equivalente en La 2 de TVE. Tenemos toda la semana disponible, y para un par de programas que se emiten en televisión intentando llevar el mundo de los libros a los lectores (quién sabe si algún no-lector se hará eco de sus propuestas), lo hacen el mismo día y casi a la misma hora. Ambos fueron interesantes, en cualquier caso. En El público lee entablaron debate con Juan Cruz, y en Página 2, bastante más dinámico y variado (más enfocado, me parece a mí, a captar no-lectores) entrevistaron a mi siempre adorado Paul Auster.

Yo, que ya antaño (de los ’80 hablamos) veía el programa infantil-juvenil Un cesto lleno de libros, y que –debo confesar- alguna vez he vencido doblemente al sueño viendo a altas horas de la noche Negro sobre blanco, el soporífero programa de Sánchez Dragó e incluso, en ocasiones, odiado a Dovstoievski por sus Noches Blancas al dar la idea a Dragó para el título de su programa en Telemadrid, soy bastante escéptico con estas iniciativas. No porque no las considere necesarias, sino justamente por lo contrario. Porque son tan necesarias que tiene poco sentido programarlas a las 2 de la madrugada, o el domingo por la tarde compitiendo con el –por desgracia- omnipresente fútbol. Máxime cuando compiten entre sí, televisión nacional y autonómica, públicas ambas, un mismo día a la misma hora.

Los viajes de Tuf


El pasado fin de semana, aprovechando la entrada particularmente lluviosa con que se ha hecho presente este otoño, he finalizado la lectura de Los viajes de Tuf, de George R. R. Martin, el autor que me tiene encandilado con su saga Canción de Hielo y Fuego. Sin embargo, las aventuras de Tuf poco o nada tienen en común con las intrigas políticas y traiciones que infligen y sufren los protagonistas de esta serie de fantasía. Haviland Tuf es un comerciante que, casualmente, consigue hacerse con una vetusta (pero avanzadísima) sembradora del Viejo Imperio, el Arca, que si bien en el pasado era usada para llevar la guerra biológica a los planetas enemigos, se convierte en manos de Tuf en la solución a los problemas ecológicos de los problemas que visita. Con este sencillo argumento, Martin nos presenta a un personaje dotado de una personalidad muy particular: sin rastro de vello en su cuerpo, es vegetariano y detesta ser tocado y tratar con sus semejantes. Dotado de una aguda inteligencia, al conseguir el Arca comienza a desempeñar labores de ingeniero ecológico sin dejar de lado sus habilidades de comerciante a la hora de negociar el precio de sus servicios. Eso sí, acompañado siempre por sus gatos.


Aunque el relato toma forma de novela, lo cierto es que se trata de una serie de cuentos, publicados en orden no cronológico respecto a los acontecimientos, y recogidos posteriormente en este formato. En cada uno de ellos, Tuf se enfrentará a un reto ecológico distinto, y no habrá que bucear mucho en la trama para reconocer problemas a los que se enfrenta actualmente nuestro planeta por las acciones que llevamos a cabo (o dejamos de realizar) cada día.


Un libro que recomendar a mansalva, que todos deberían leer. Es muy divertido, se lee casi sin darnos cuenta y plantea situaciones que se están dando o se darán en breve en nuestro planeta, y que dan pie a cuestionarnos nuestra forma de actuar.

¡Feliz cumpleaños!

La verdad es que no sé qué ocurre en Navidad, pero muchos de mis amigos y conocidos cumplen años en septiembre :) . Así, además de los buenos amigos -o más que eso- que he ido felicitando durante el mes presente, tengo que felicitar hoy a dos entrañables personajes. Bueno, a tres, puesto que el día 20 fue el cumpleaños de George R. R. Martin, que tan gratificantes momentos me está brindando últimamente. Respecto a los otros dos, me refiero a Bilbo y Frodo; ya sabéis, aquello de

No conozco a la mitad de ustedes, ni la mitad de lo que querría, y lo que yo querría es menos de la mitad de lo que la mitad de ustedes merece.

Así pues, ¡feliz cumpleaños! ¡Y feliz otoño!

El horror de Dunwich

Las sombras dejaron de expandirse hace horas para comenzar a disolverse entre sí, fundiéndose en un todo impenetrable del que a duras penas es capaz de salvarme la luz de la lámpara que reposa sobre la mesilla de noche, junto a la cama, a mi lado. Su ocre luminosidad destila las tinieblas en imposibles siluetas de muebles que ocupan la habitación con sus abigarradas figuras contrahechas, invitándome a regresar a la lectura del volumen que sostengo entre las manos. Años atrás disfruté -si así puede definirse la indescriptible desazón que me acompañó en una primera lectura- de la pluma de Lovecraft narrando los horrores de Dunwich y los ominosos rituales que allí se celebraban. Ahora, cuando el oscuro vuelo de las grajillas toma el relevo al hipnótico cántico del chotacabras anticipando la llegada del ya próximo otoño, vuelvo a sentir cómo un escalofrío me recorre el espinazo. La oscuridad me rodea, y sólo me acompaña la voz de Nick Holmes como aquel entonces, casi quince años atrás. Lovecraft resulta más terrorífico que nunca en la exquisita edición ilustrada que edita Libros del Zorro Rojo -cuán distinta de aquella otra de Alianza Cien que leí antaño-, un ejemplar que sólo regalaría un amante de los libros a otro homo libris.



Vuelvo a la lectura… Mas cuidado si visitáis Dunwich, sus pobladores os estarán esperando:




Los vecinos de Dunwich han llegado a constituir un tipo racial propio, con estigmas físicos y mentales de degeneración y endogamia bien definidos. Su nivel medio de inteligencia es increíblemente bajo, mientras que sus anales despiden un apestoso tufo a perversidad y a asesinatos semiencubiertos, a incestos y a infinidad de actos de indecible violencia y maldad. La aristocracia local, representada por los dos o tres linajes familiares que vinieron procedentes de Salem en 1692, ha logrado mantenerse algo por encima del nivel general de degeneración, aunque numerosas ramas de tales linajes acabaron por sumirse tanto entre la sórdida plebe que sólo restan sus apellidos como recordatorio da origen de su desgracia.


Lo mejor que le puede pasar a un cruasán




He pasado unos días disfrutando de lo lindo en compañía de dos Pablos, Tusset y Miralles, autor y personaje, ambos de aguda inteligencia y lengua aficionada a modular expresiones procaces. Hace unos años, no recuerdo si por falta de tiempo, por andar atareado con varias lecturas o por qué motivo exacto, descarté la novela Lo mejor que le puede pasar a un cruasán tras leer apenas el primer capítulo. Sin embargo, tal vez porque el verano es proclive a este tipo de lectura, quizás porque había llegado su momento, en esta ocasión he devorado el libro en cuestión. Emparentada con la novela negra y picaresca, la historia que nos trae Tusset en su primer título, publicado siete años atrás, nos atrapa en la resolución de la intriga de la que Miralles no puede escapar: su hermano y la secretaria de éste desaparecen sin dejar rastro, dejando a Pablo una deuda de cincuenta mil pesetas a cuenta de un trabajito que le había sido encargado por aquél. Así comienzan las aventuras de este remedo del genial Ignatius narradas por su equivalente en la vida real, un nuevo Mendoza con aires de Vázquez Montalbán . Y es que, aunque las comparaciones sean odiosas, no puedo dejar pasar las impresiones que desde un primer momento me transmitió la novela. Con todo, aunque resulta genial y atrapa desde su comienzo, no dejó de recordarme –salvando las distancias- al protagonista de La conjura de los necios atrapado en El laberinto de las aceitunas . Eso sí, las numerosas referencias a hechos contemporáneos a la obra, generalmente banales, le dan un toque de frescura que, me temo, irá deteriorándose con el paso del tiempo.


En resumen, resulta un libro ideal para disfrutar con la aventura que nos presenta, especialmente en estos largos días de estío, aunque no se trate de una obra maestra.

Wolfhound, el guerrero


En buena hora se me ocurrió disponerme a ver Wolfhound, el guerrero esta mañana. Encontré esta película casualmente, hará cosa de un par de meses, cuando contemplaba atónico en Llutuv el trailer de una supuesta producción cinematográfica en torno a la Cuarta Edad de la Tierra Media (Ancanar , creo recordar que se llamaba), y rezaba a dioses en los que no creo para que el proyecto se malograse (así me las gasto, con mala saña y peor intención), o me evitasen al menos caer en la tentación de verla, “manquefuera ” para criticarla. El caso es que, volviendo a Wolfhound , tras ver algunas imágenes de la película no me pareció que tuviese mala pinta del todo, y tras comprobar que se trataba de la primera producción fílmica fantástica de Rusia, me dije: esto tengo que verlo. Además, llevaba el nombre de una de mis razas de perros preferidas, el Irish Wolfhound o Lobero Irlandés (la raza canina con ejemplares de mayor tamaño), y me dije que tan mala no podría ser la experiencia. No, qué va…


Me senté frente al televisor, tras insertar en el reproductor el DVD de la película, y pulsé el plei del reproductor. Los créditos, en cirílico, con un par. Una aldea con tintes bucólicos rusos (en serio, son epítetos compatibles), un herrero forjando una espada, el hijo de éste y de su hermosa madre, que también aparece en el plano. Empezamos bien; si el niño fuese menos rubio y se llamase Jorge Sanz, diría que estaba viendo el comienzo de Conan, el bárbaro . En esto andaba pensando cuando llega al poblado un grupo de jinetes con muy malas pintas, y comienzan a dejar sin cabeza a todo bicho viviente. Mecachis, a ver si he cogido el DVD que no era… No, Chuarchi está en su sitio, qué raro… A ver si es una versión de He-Man … porque el malo parece Skeletor Esqueletor . O de El guía del desfiladero , que también cumple con el binomio pueblecito tranquilo" vs. "guerreros malvados que matan a todos menos al joven que vengará a su pueblo”. Pero no, decididamente no se trata de ninguna de estas películas.


La historia sigue avanzando, y nos encontramos con un guerrero, Lobo (Wolfhound), decidido a vengarse de aquellos que mataron a todos los miembros de su clan, los Lobos Grises (excepto a él mismo, se entiende). Le acompaña una curiosa mascota: un zorro volador, especie de murciélago frugívoro, que en principio difícilmente podremos ver sobrevolando la taiga o la estepa, pero que junto a Lobo recorre poblados que recuerdan a las ilustraciones de Ivan Bilibin para los libros de Afanasiev que leí en mi infancia, en los que Baba Yaga parecía más ingeniosa que el Esqueletor malo maloso de la peli. En esto me ha recordado a Marc Singer (el “bueno” -no entraré en matices semánticos sobre la palabra- de V ) en El señor de las bestias . El caso es que Lobo conoce a una princesa, se hace su feroz guardián, y de paso va liquidando a cuantos seguidores de Maneater (original el nombre de Esqueletor, ¿verdad?) se le cruzan por el camino.


Wolfhound, tras terminar de verla, me ha dejado más bien indiferente. Aunque algunos tintes de folclore ruso se cuelan entre los intersticios de una historia más bien convencional, no son lo suficientemente buenos como para marcar una diferencia de calidad entre esta película y otras del género, que vinieron a explorar explotar en los ’80 la estela que dejase el Conan de John Milius (que tan buen sabor de boca me ha dejado recientemente con Roma ). La magia y fantasía que presenta esta película me recuerdan un poco a la que tiñe historias eternas como la de Tristán e Isolda , es decir, cercana a la de las historias transmitidas por narración oral, los cuentos de hadas o las narraciones mitológicas en las que dioses y hombres hollaban conjuntamente la Tierra, y se amaban (carnalmente) entre ellos.


Y todo esto para plantearme, señoras y señores, si caeré en la maldición tentación de dejarme arrastrar hasta el cine para ver a uno de mis mitos de la infancia: el Príncipe de Persia , cuyo rostro en el celuloide tuve la desdicha de encontrar hoy...


Hay días que es mejor no levantarse… ni dejar de leer el libro que me tiene enganchado en este momento ;)

George R.R. Martin visita Málaga


George R. R. Martin, el conocido autor de ciencia ficción y fantasía, guionista de míticas series como En los límites de la realidad o La bella y la bestia , nos ha visitado en Málaga. Su saga más famosa, Canción de Hielo y Fuego , ha atrapado a lectores de todo el mundo y de todas las edades, aunque el enfoque que le da el autor está principalmente orientado a un lector adulto. He de confesar que yo le leo desde hace poco tiempo, ya que las portadas de sus libros (al menos a mí) me parecían un tanto juveniles, y creía que sería un pastiche fantástico a la altura de los peores tiempos de la editorial Timun Mas . Sin embargo, y a raíz de su visita a Málaga, empecé a interesarme por el autor, vi algunas críticas rayanas en la idolatría, y me decidí a darle una oportunidad, algo de lo que no me arrepiento. Sus personajes están concebidos con una profundidad por desgracia no demasiado habitual, y la historia de Juego de Tronos , el primer libro de la saga, engancha hasta grados de drogodependencia.


Ayer pude verle en la librería Luces (que poco a poco se va ganando un huequito en el corazón con acciones como la presente, que son las que realmente marcan la diferencia entre una librería tradicional, aunque se vista de seda, y un mero comercio de libros como los de los centros comerciales, por ejemplo), y se trata de una persona afable y agradable. Os lo recomiendo.


¿Una comida feliz?


Cada vez que compramos, emitimos un voto; como individuos podemos caer en la tentación de pensar que nuestros pequeños actos no tienen importancia, que una comida no puede influir. Pero cada comida, cada bocado de alimento, tiene una rica historia: cómo y dónde creció o se crió, cómo se cosechó. Nuestras compras, nuestros votos, determinarán el camino que sigamos. Y se necesitan miles y miles de votos a favor de prácticas agrícolas que restauren la salud del planeta.
Es imposible seguir con el insensato consumo del mundo occidental, que ahora extiende sus codiciosos tentáculos por todo el globo. El precio, cuya mayor parte pagarán nuestros hijos, es demasiado alto. Solo actuando unidos, negándonos a comprar alimentos que se han sazonado en secreto con venenos y dolor, podemos enfrentarnos al poder empresarial que envuelve el mundo. Juntemos las manos. Hablemos por quienes no tienen voz y por los pobres. Defendamos nuestro derecho, como ciudadanos de democracias libres, a volver a tomar las riendas de la producción de alimentos. Sembremos todos juntos las semillas de una cosecha mejor, capaz de generar otra manera de vivir.





Así habla esta sabia mujer, haciéndonos reflexionar sobre si existe una necesidad real de seguir creciendo al ritmo en que lo hacemos ahora. La respuesta es clara, rotunda, tajante: NO. Algo que, a poco que nos sentemos un momento a reflexionar (aunque tal vez sea pedir mucho en esta época de estrés, plagada de un sinvivir continuo, que detengamos un instante el motor y veamos hacia dónde nos dirigimos), nos resultará obvio. El crecimiento exponencial de la población no permite a la tierra dar los frutos necesarios para nuestra subsistencia. El consumo excesivo de carne es el germen de una actitud insolidaria con los pequeños agricultores, con los más necesitados y con el medio ambiente. Pero todo parece darnos igual, hay que crecer, más y más… ¿para qué? ¿Para legar a nuestros hijos, a nuestros nietos, una tierra baldía, un erial que ni sus lágrimas podrán regar? Si no detenemos ahora nuestro ritmo de crecimiento, no habrá futuro por el que lamentarse. Pero estamos a tiempo, cambiando nuestra conducta, nuestra forma de pensar, si no de remediarlo y volver a la Tierra al estado en el que la recibimos de nuestros padres, sí al menos de reducir el gravísimo impacto que le estamos causando. En nuestras manos está, con nuestro voto individual, decidiendo cómo nos desplazamos, qué comemos, cuánto consumimos. Y aquí no valen medias tintas.


¿Colaboras? Todos somos el medio ambiente.


Maravilloso, enigmático, de abrumadora belleza. Esta novela de Murakami (la segunda que leo, tras su magnífico Tokio Blues -Norwegian Wood- ) me ha atrapado de principio a fin. La búsqueda de un sentido a la propia existencia lleva al protagonista de la historia, Tooru Okada, un joven abogado en paro que es abandonado por su mujer, a conocer a todo tipo de individuos, reales y oníricos, que influirán decisivamente en su forma de ver la vida. Por la suya desfilarán, apareciendo y desapareciendo como el Guadiana, extrañas hermanas con nombre de isla, una madre y su hijo mudo, y una joven, May, que será su ¿unica? amiga. Todo en pos de encontrar a su gato y a su mujer, desaparecidos en dos momentos cercanos, y a sí mismo, en último término.


Intercalada en la narración encontramos intercaladas diversas historias de los personajes ¿secundarios? que enriquecen la historia principal y la dotan de nuevas dimensiones. Haruki Murakami es sin duda alguna una de los referentes literarios de Japón en la actualidad, y un narrador a tener muy en cuenta si hablamos de autores contemporáneos.

Personas libro

El pasado viernes, día 30 de mayo, estuve con Ro en la librería Luces, que cumplía 5 años de existencia, echando un vistazo a los libros y presenciando una de las iniciativas que llevaron a cabo como celebración del lustro de existencia de la cadena de librerías. En concreto, estuvimos viendo a varias personas-libro recitando fragmentos de obras literarias, y ciertamente fue bastante emotivo. Para aquellos que aman los libros, pensar en la quema de libros simbólicas (como la que perpetran el barbero y el cura con los libros de caballerías de Don Quijote) o no (la de Berlín, o la que se produjo durante la guerra civil española, o tantas otras otras) es sumirse en el horror de la vergüenza y la barbarie. Porque sin libros, sin cultura, somos más vulnerables. Porque sin cultura, que no es patrimonio de la humanidad, sino de nosotros los hombres y otros seres (grandes simios, delfines y otras especies poseen rasgos culturales bastante marcados entre sus poblaciones), no somos nada.


Y, para evitar esta quema, os recomiendo un libro, personas:


El juego del ángel


Profundamente decepcionado me ha dejado la lectura de El juego del ángel, la segunda “novela adulta” de Carlos Ruiz Zafón. Hace unos días, precisamente el Día del Libro de este año, comentaba cómo me había gustado en su momento La sombra del viento, anterior novela del autor catalán. Cuando leí La sombra del viento, sólo había oído hablar de ella por Círculo de Lectores, y la verdad es que simplemente se trataba de la prometedora novela de un autor poco conocido hasta aquel entonces, a menos que abundásemos en su producción para un público más juvenil (con El príncipe de la niebla o Marina, entre otras obras).


Siempre se dijo de las segundas partes que no fueron buenas, y aunque no se puede hablar de El juego del ángel como una continuación estricta de La sombra del viento, lo cierto es que se inscribe en el personal universo narrativo de Zafón, y en una Barcelona pretérita que nos resultará en extremo familiar a los lectores de su anterior novela. Algo me decía que el revuelo mediático que se cuajaba en torno al nuevo lanzamiento de Planeta no presagiaba nada bueno, pero me convencí a mí mismo ante la reticencia a adquirir el libro. “Que le guste a más gente, o que haya tantas personas esperando este libro tras el éxito mundial de La sombra del viento gracias al boca a boca de sus lectores, no tiene nada de malo. Y al fin y al cabo, han pasado siete años desde su publicación, tiempo más que suficiente para escribir un buen libro”. Craso error el mío. El juego del ángel es un libro de lectura fácil, adictivo aun sin llegar al extremo de La sombra del viento, bien escrito aunque tal vez excesivamente adjetivado (curioso que le propio Zafón critique esta forma de escribir en la propia novela), y que pierde fuerza por momentos, especialmente con un final insulso, casi un deus ex machina que desde mi punto de vista podría haber obviado.


Zafón intenta copiar la fórmula de los folletines de hace un par de siglos, pero con relativo éxito. Ciertamente no llega al nivel de Dickens, Hugo, Dumas o Balzac, y puede que ni tan siquiera lo pretenda, pero la sensación que queda es la de ineficacia a este respecto. Si a esto sumamos los variados errores ortográficos (como urgar, o Estanbul, pág. 421), alguna que otra errata (Escrité, pág. 181), y el cambio de nombre del protagonista en un momento de la novela (Daniel por David, pág. 61), se me antoja que Planeta ha pagado parte de la avalancha publicitaria a costa de reducir los gastos de un buen corrector. Y si tenemos en cuenta la poco menos que correcta encuadernación, mediante encolado y con las hojas sin coser, mejor no preguntarnos ahora qué ha ocurrido con los 24,50€ que nos acabamos de dejar en la librería.

El día del libro


Hoy es la fiesta del libro, uno de los días del año más significativos para mí, enamorado desde siempre de estos peculiares tetraedros de papel que guardan, como pequeñas cajas de Pandora, imaginarios mundos que recorrer y compartir.


El libro más vendido, como se veía venir, ha sido El juego del ángel, de Carlos Ruiz Zafón, y he de admitir que he colaborado a que así sea. Aunque inicialmente era un poco reticente a sumergirme en la vorágine de la bestsellermanía, lo cierto es que su predecesor, La sombra del viento, fue un libro que marcó un antes y un después. Lo compré en Círculo cuando aún no se hablaba de este fenómeno de masas. Empezaba a sonar como un libro que enganchaba literalmente a sus lectores, pero poco más. La historia me pareció interesante, su autor, apenas conocido entonces y con sólo algunos libros a sus espaldas, me llamó la atención, y lo compré. Pasé el fin de semana metido en la cama, leyendo vorazmente la novela, atrapado en sus páginas, sin poder ni querer salir de ellas. Hacía años que no me atraía tanto una historia, que no me sentía como un niño, leyendo con la linterna bajo las sábanas, eludiendo la celosa vigilancia paterna. Cuando terminé la historia, tuve que volver a empezarla. Fue un libro que compartí con amigos, con mi pareja, con mi suegra… que lo liberó en el mejor sitio para este libro, en un tren (lástima que no tuviese como destino Barcelona). Como fue un book-crossing involuntario, me compró otra edición la de Planeta, que es la que tengo ahora.


Cuando descubrimos a un autor o un libro que nos impacta, queremos compartirlo con los demás, que nuestros amigos y allegados lo conozcan y lo disfruten. No sé qué deparará El juego del ángel (ya daré cuenta por aquí de lo que me pareció), pero sin duda, La sombra del viento es uno de los libros que regalaría sin dudarlo a cualquiera de mis amigos, y cuya lectura recomiendo encarecidamente. Aunque hoy día sea un best-seller ;) .

El asombroso viaje de Pomponio Flato





Descubrí la publicación de El asombroso viaje de Pomponio Flato casi de casualidad. Andaba curioseando entre los estantes de la librería, con un par de libros en la mano, ya elegidos, cuando vi la publicidad del libro junto a una estantería. ¿Una nueva novela de Mendoza, con tan curioso título? No podía dejarla allí, sin echarle al menos un vistazo. Dicho y hecho, hojeé un poco el libro y se vino conmigo.


He de decir, en primer lugar, que me encanta Mendoza. Podría afirmar, sin temor a exagerar, que me encanta tanto su obra “seria” (La ciudad de los prodigios, La verdad sobre el caso Savolta o Mauricio y las elecciones primarias, por citar algunas de sus novelas) como la que no se nos antoja como tal (Sin noticias de Gurb, El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas, La aventura del tocador de señoras y, ahora, El asombroso viaje de Pomponio Flato). Con pocos libros he reído a carcajada limpia al leerlos (o releerlos), como los suyos. Además, últimamente Roma y su historia parecen perseguirme: tanto por viajes personales, como por los libros que estoy leyendo y las series con las que me estoy encontrando, llevo un par de meses, casi tres, buceando en la historia del que fue uno de los Imperios más importantes de la Historia Antigua.


En cualquier caso, El asombroso viaje… se plantea como una mezcolanza de géneros que no dejará a nadie insatisfecho. Novela histórica (al modo de Mendoza, claro), de humor, detectivesca… con personajes que se nos antojan conocidos, casi familiares (por qué será), con la que nos hace viajar a la Jerusalén del siglo I junto a Pomponio, donde están a punto de llevar a cabo una ejecución, mediante la crucifixión… ¡Y no puedo leer más! ;)