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Acabo de enterarme y estoy que no quepo en mí del gozo. El equipo de Roma (una genial serie que os recomiendo encarecidamente) de la HBO se prepara para rodar el episodio piloto de Juego de Tronos. La noticia ha sido confirmada por el propio George R. R. Martin en su blog.

Y ahora, señor Martin, ¿quiere hacer el favor de finalizar Dance with Dragons? ¡Gracias! :D :D :D

Dead Set

Acabo de terminar de ver la miniserie Dead Set, y aún estoy impactado. ¿Odias Gran Hermano? ¿Te gustó Soy Leyenda? (No, no la patética versión del cine del pasado año, sino la alucinante novela de Matheson) ¿Has visto 28 días después? ¿No haces ascos al gore? Pues esta es tu serie. Cuando me encontré con ella, y supe que sólo tenía 5 capítulos, los cuales, exceptuando el piloto, que es de duración doble, únicamente duran 20 minutos, me dije: ¿por qué no?

Nunca he visto Gran Hermano (imagino que las cuatro escenas mientras cambias de canal no cuentan, y a fecha de hoy no sé cuál es la edición actual), e incluso ahora me sorprende que haya gente que siga este programa con asiduidad. Pero me da algo de rabia ver que un programa tan sumamente simplón sigue ahí, con el marchamo impuesto de “estudio sociológico” desde sus primeros días. Y admito que me gustan los zombies, y las historias apocalípticas. De modo que, una vez más, ¿por qué no?

Dead Set me ha encantado. En apenas dos horas y media asistimos al desmorone de la civilización actual, al alzamiento de legiones de zombies que propagan su enfermedad con los mordiscos, y que aniquilan a la población. Y los colegas del Gran Hermano británico, ni se enteran. Hasta que tienen al invitado en la puerta.

No os cuento más, simplemente os recomiendo verla. No está doblada al español, de modo que lo más práctico será verla en inglés con subtítulos. Pero así no pierde lo más mínimo. Y es que, como nos advierten al principio de cada capítulo,

Dead Set contiene imágenes de violencia extrema y lenguaje inapropiado para menores y debería verse en una habitación a oscuras...

Buenas noches…

Dexter


Siempre he sido bastante ecléctico en lo que a gustos se refiere, y por tanto no es de extrañar que en mi etapa –más infantil que juvenil- de profundo entusiasta de la Inglaterra Victoriana fuese tan admirador del personaje más universal de las letras inglesas (hablo de Sherlock Holmes, y corríjanme si me equivoco ante tamaña afirmación) como del desafortunadamente real Jack el Destripador. Tal vez debido a esto, no debería resultar inusitada la afirmación de que el personaje de Dexter me resulta especialmente atractivo.

Descubrí al encantador asesino en serie de Miami gracias a la fervorosa recomendación de una amiga, aunque no fue hasta transcurridos unos meses de su comentario que, casualmente vi un capítulo de la serie de televisión y, recordando su entusiasmo, me dispuse a verlo. La verdad, he de admitirlo, me encantó. Dexter, en televisión, piensa como un asesino pero no deja de ser adorable. Descubierto el placer, devoré con ansia toda la primera temporada, y a continuación, la segunda de esta increíble serie. Entretanto, había descubierto que –supuestamente- el argumento de aquella estaba basado en una serie de libros escritos por Jeff Lindsay, y como no hay libro que se me resista –de momento, que aún no he probado con el Ulises de Joyce, y me comentan por aquí que tiene un trago-, me dispuse a conseguirlos. Afortunado de mí, fueron cayendo en mis manos en sucesivas entregas, presentes siempre de mi pequeña Lycis.

Lo primero que he de decir es que la serie no sigue (excepto la primera temporada, y sólo parcialmente) los argumentos de los libros. Bien, por un lado, ya que así tenemos Dexter para rato. Mal, por otro, porque si bien el Dexter de los libros es más ácido en sus comentarios y despiadado en sus acciones que el de la serie, también es un poco menos encantador, aunque sigue cayendo bien, eso sí. En cuanto a los libros en sí, la traducción (en particular, el primero de ellos, El oscuro pasajero) es bastante mala, aunque gana unos puntos en el segundo (Querido Dexter) y tercer libro (Dexter en la oscuridad) publicados.

Como apuntaba unos días atrás, el último de ellos había caído en mis manos hacía poco, y precisamente esta mañana he terminado de leerlo. Lo he devorado, literalmente, y es que aunque la trama no resulta demasiado novedosa (después de combatir al asesino del camión de hielo en el primer libro, y enfrentarse a un doctor un tanto chiflado en el segundo, Dexter parece llegar al Templo Maldito de Indiana Jones para encontrarse con los malos de El secreto de la pirámide), el libro engancha.

Ahora, tengo pendiente la tercera temporada que, por lo que he leído por ahí, parece prometedora. Ah, y según parece, Lindsay pretende sacar un cuarto libro en 2009. A ver si tenemos suerte, y se le va un poco menos la pinza cuando lleve a Dexter a París. Sí, dejamos la jungla que parecen ser las calles de Miami para volar a Europa. ¿Visitará nuestro asesino en serie preferido la Rue Morgue? Habrá que esperar un poco para saberlo.

Roma



Hace tiempo que disfruté como un enano con esta serie. Era la época en la que, además, visitamos Mérida y nos deleitamos con la buena compañía de los amigos en el incomparable marco de Extremadura. Mérida me encantó (como dejé claro en su día en este blog), una ciudad que dejaba entrever en cada esquina su pasado, eminentemente dominado por el periodo de ocupación romana.


En aquella época, como decía, estuve viendo la serie Roma. Desde que oí hablar de ella me llamó la atención, y aprovechando una oferta especial de National Geographic Historia, conseguí la primera temporada a un precio más que apetecible. Y la devoré. Me encantó su recreación de la época, sus personajes, dotados de una psicología profunda todos ellos, las inumerables intrigas palaciegas, y un periodo más que interesante de su historia (el final de la República y el comienzo del Imperio). Pero no había podido escribir por aquí recomendándola. Unas veces por una cosa, otras por otra, alfinal no me sentaba a hacerlo. Ahora estoy disfrutando de ella nuevamente, en versión original. Y no quería dejar la oportunidad de recomendarla para este verano. Seguro que no os defrauda.


Earl J. Hickey


Hacía bastante tiempo que no encontraba una serie de televisión que me llamase tanto la atención como Me llamo Earl. Desde que la vi anunciar por vez primera, Earl me cayó bien. Con su aspecto desastrado, la camisa de leñador abierta, vaqueros raídos y botas, el bigote descuidado y el pelo alborotado, me pareció francamente simpático. Una serie sobre una mala persona que tiene una lista de malas acciones que enmendar... curioso, pensé. Y pasó bastante tiempo hasta que pude hacerme con la primera temporada en español (en inglés ya están emitiendo la tercera).


Cuando vi el primer capítulo de la serie no podía parar de reír. Ni de verla. Y así, me encontré "zampándome" del tirón los tres primeros episodios. Tanto Earl como el resto de personajes que le acompañan son entrañables (sí, incluso Joy, su ex mujer, una Cruella de Vil en potencia, tiene una faceta adorable), y son como son porque no les queda, en cierto modo, más remedio.


Earl, además, presenta una actitud ambigua en cuanto a su lista. En ocasiones, parece importarle solamente tachar malas acciones de su lista, para ganarse el favor del Karma (no, no lo explicaré aquí, esta serie hay que verla, jeje), y en otras, parece sinceramente arrepentido de su pasado. Sin embargo, durante la serie va mostrando una evolución hacia esta última actitud: Earl se está convirtiendo en una buena persona.


El formato de la serie, además, permite ver los capítulos en relativo desorden, ya que la línea argumental es bastante difusa (simplemente, Earl debe tachar una mala acción de su lista en cada episodio, haciendo una buena que la compense), aunque en algunos capítulos aparecen personajes secundarios para los que Earl ya subsanó su error, y que arrancan una sonrisa de complicidad en el espectador. Además, la duración de cada episodio es de poco más de veinte minutos, y todo esto se agradece en una sociedad como la actual, en la que apenas se puede sacar tiempo para el ocio.


En resumen: no os la perdáis.