Por fin llega el otoño, mi estación preferida (la estación por antonomasia), mañana, día 22 de septiembre de 2008, a las 17:44 horas. Con un poco de suerte, su llegada me encontrará en casa, descansando, tras la jornada laboral. Con un poco menos, posiblemente le encuentre yo sentado frente a un ordenador terminando de realizar un despliegue que ha sufrido alguna complicación.
El caso es que, como decía, no sé si se deberá a la proximidad del otoño, pero me encuentro estos días un poco más melancólico de lo habitual. He aprovechado el fin de semana para ponerme al día con algunos grupos musicales que había dejado aparcados en el camino durante estos años: Paradise Lost, Type O Negative, Moonspell o My Dying Bride, por mencionar algunos. Todos ellos englobados en el estilo gothic/doom metal, y que con el devenir de los años han sufrido algunas transformaciones en su concepción de la música, unos más que otros, obviamente. El caso es que, recuperando sus discos de los ’90, cuando aún me sumía en la vorágine de su música tenebrosa, me he sentido tocado por un hálito de rejuvenecimiento y melancolía que, lejos de ser malo, creo que ha recuperado en mí las ganas que tenía entonces de llevar a cabo proyectos. Alejados, eso sí, de la informática; entre el trabajo, el posible Máster en el que con un poco de suerte (que sea buena o mala es cuestión aparte) ocuparé mi tiempo libre dentro de poco, y el otro blog, tengo más que suficiente. Pensaba, por ejemplo, en volver a escribir, en colaborar con alguna asociación o revista literaria, incluso en buscar (nuevamente, esperemos que ahora con mejor suerte) alguna asociación medioambiental como aquella que ocupó más de diez años de mi vida…
No sé si haré todo eso, o quedará en agua de borrajas. Pero la intención está ahí. Temblad, pues :) .
Etiquetas: literatura, metal, música, otoño
Bruce Dickinson, una leyenda viviente del metal.
En su faceta como el más afamado cantante de Iron Maiden, en Aces High.
En solitario.
Y su lado humorístico, versionando la conocida canción de Tom Jones, Delilah.
El otro día descubrí y anoche pude ver por fin un documental sobre la cultura del Heavy Metal en particular, y sobre la música Metal en general. Aunque llevo años sin hacer ningún programa de radio, ni sobre música, ni sobre medio ambiente, en ocasiones echo de menos aquellos tiempos en Bajo Cuerda o en La Hormiga Metalika en los que, haciendo un poco el cafre, intentábamos hacer llegar a través de las ondas nuestra "religión del metal". Coincido plenamente con el documental en que las manifestaciones de los integrantes de esta tribu urbana -como se nos ha dado en llamar- respecto a la música son de lo más variopintas, pero sin duda tienen especial interés en cuanto al movimiento fuera de las líneas habituales de distribución y manifestación más puramente comerciales. En cualquier caso, esta entrada al blog no va a ser una disertación sobre el documental. Como dice Sam Dunn, su autor, antropólogo y heavy: "Cuando escuchas heavy, o sientes que algo estalla en tu interior que hace desbordar tu emoción y ponerte la piel de gallina, o no. Si no ocurre, no pasa nada. A juzgar por las 40.000 personas que me rodean (se encuentra en ese momento en el festival de Wacken, en Alemania), estamos muy bien sin ti".
Eso sí, no me resisto a dejar un enlace a la genealogía del metal, pues es sencillamente genial.
Y ahora, sin más, un clásico. Poison, de Alice Cooper, en versión original y en la realizada recientemente por Tarja Turunen, la que fuera vocalista de la banda Nightwish. ¡A disfrutar!.
Stay metal! Stay wild!!
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Etiquetas: documentales, metal, música
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La desnudez de los árbolesHace 5 años